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El paradójico afán de los padres por domesticar la juventud
Francis de Croisset señala una tensión fundamental en la relación entre generaciones. Los consejos paternos, aunque se presentan como orientación benevolente, funcionan frecuentemente como mecanismos de control. Bajo la apariencia de protección y sabiduría, los adultos transmiten normas destinadas a que los jóvenes abandonen su irreverencia, su creatividad sin filtros y su disposición al riesgo. Lo que padres y educadores llaman "madurez" es, en gran medida, conformidad: la supresión de esa energía característica de la juventud que cuestiona lo establecido.
La ironía persiste porque ambas partes actúan de buena fe. Los mayores creen preservar a los jóvenes del daño; estos últimos experimentan, en cambio, una progresiva domesticación. Cada advertencia, cada "es por tu bien", refuerza la idea de que la juventud es algo peligroso que debe corregirse. La cita expone cómo la crianza occidental, paradójicamente, educa para dejar de ser jóvenes antes de tiempo, reemplazando el asombro y la experimentación por cautela y obediencia.
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“Fortalezcamos la mente femenina, abramos sus horizontes y habrá llegado el fin de la obediencia ciega de las mujeres hacia los hombres”
“Hay que inventar sitios para enseñar fuera de las instituciones”
“La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”
“Todos los educadores son absolutamente dogmáticos y autoritarios. No puede existir la educación libre, porque si dejáis a un niño libre no le educaréis.”
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