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La paradoja del deseo en Arrabal
Fernando Arrabal toca aquí una contradicción incómoda de la experiencia humana: los órganos que consideramos menos refinados o menos "dignos" son precisamente los que generan sensaciones placenteras intensas. El cuerpo no respeta nuestras jerarquías estéticas. Mientras privilegiamos la vista o el rostro como símbolos de belleza, la fuente real del goce reside en zonas que la cultura ha tratado con vergüenza o censura. Esta observación desafía la separación que hacemos entre lo "noble" y lo "vulgar", entre la mente cultivada y los instintos corporales.
Crítica a la hipocresía cultural
La provocación de Arrabal expone cuán frágil es nuestra moralidad cuando choca contra el deseo. Construimos sistemas de valores que estigmatizan ciertas partes del cuerpo, pero el placer nos traiciona constantemente, recordándonos que la jerarquía entre lo bello y lo "soez" es arbitraria. No se trata de glorificar lo obsceno, sino de reconocer la sinceridad del cuerpo frente a los disfraces que la sociedad le impone. La cita invita a interrogar por qué experimentamos vergüenza ante aquello que genuinamente nos produce satisfacción.
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