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Significado
El peligro invisible del fanatismo disfrazado
Fernando Arrabal señala una paradoja inquietante: los movimientos más destructivos pueden ocultarse bajo la apariencia de apertura y respeto. Un fanático que se presenta como tolerante resulta especialmente peligroso porque evade la crítica. Mientras que el intolerante declarado expone sus límites claramente, quien predica la aceptación absoluta pero actúa dogmáticamente logra colonizar espacios de diálogo sin ser cuestionado. El contexto de Arrabal, dramaturgo crítico con los autoritarismos, refleja esta preocupación: los sistemas represivos más efectivos son aquellos que convencen a sus víctimas de estar en libertad.
Implicaciones prácticas
Esta advertencia cobra relevancia en debates contemporáneos donde la supuesta neutralidad encubre posiciones rígidas. Organizaciones que claman defender derechos pero castigan la disidencia interna, o espacios que proclaman inclusión mientras silencian ciertas voces, ejemplifican el fenómeno. La clave reside en distinguir entre tolerar genuinamente la diferencia (aceptando el conflicto) y usar la tolerancia como herramienta de control. Requiere vigilancia constante sobre nuestras propias contradicciones: cuándo nuestra apertura mental se convierte en una cortina de humo para nuevas formas de imposición.
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“La clonación no es ni buena ni mala. Puede ser ambas cosas a la vez. Por eso será siempre un tema tan polémico”
“El hombre ya es capaz de crear en el laboratorio a otro hombre. Pero igual que se puede fabricar, se puede destruir. Y si ese es nuestro auténtico poder, entonces el ser humano es el mayor arma de destrucción masiva”
“No hay ninguna cosa buena que no tenga su base en la razón”
“Una idea es verdad cuando aún no se ha impuesto”
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