“Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores.”
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Significado
La institución como creación humana
Emerson desafía la visión que sacraliza el Estado y sus estructuras. Propone que las instituciones políticas, por antiguas que sean, no poseen autoridad divina ni intocabilidad. Cada ley, cada costumbre, cada norma que rige la sociedad proviene de decisiones particulares tomadas por individuos concretos. Esta perspectiva quiebra la ilusión de que vivimos bajo un orden natural o inevitable, heredado como algo dado.
Responsabilidad y capacidad transformadora
El filósofo estadounidense extrae una conclusión radical: si las instituciones son construcciones humanas, entonces somos capaces de modificarlas. No estamos condenados a perpetuar sistemas deficientes simplemente porque "siempre han existido así". Ciudadanos y colectivos poseen la capacidad y, implícitamente, la responsabilidad de mejorar o reconfigurar las estructuras que compartimos.
Esta idea cobra importancia en contextos de reforma o crítica social. Rechaza tanto el conservadurismo paralizante como la resignación ante estructuras injustas. Emerson coloca al ciudadano común en el centro, como agente de cambio legítimo en la vida política.
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