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Significado
El egoísmo como raíz del mal
Concepción Arenal, pensadora española del siglo XIX, sugiere aquí una conexión causal entre el egoísmo extremo y la maldad. No se refiere al interés legítimo por el propio bienestar, sino a esa incapacidad o negativa radical a considerar a otros como seres dignos de valor. Cuando alguien vive bajo la lógica de que solo sus deseos importan, los derechos ajenos se vuelven obstáculos a eliminar.
La filósofa observaba una sociedad con profundas desigualdades. Desde su perspectiva, los grandes crímenes y atrocidades compartían un origen común: la ausencia de empatía estructural. El egoísta de élite, con poder para imponerlo, puede cometer actos devastadores sin remordimiento porque nunca internalizó que el otro merece consideración. Es menos un arrebato pasional que una frialdad calculada.
Esta idea sigue siendo pertinente. Explica por qué los abusos sistemáticos suelen venir de quienes se sienten autorizados a beneficiarse del sufrimiento ajeno. Arenal plantea un diagnóstico útil: prevenir el mal requiere cultivar horizontes morales amplios desde temprano, espacios donde el interés por uno mismo pueda coexistir con la responsabilidad genuina hacia otros.
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