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Significado
Una crítica despiadada a la naturaleza humana
Chamfort, moralista francés del siglo XVIII, cuestiona aquí la capacidad del ser humano para aprender de sus propios errores. El diluvio bíblico representaba un castigo divino ante la corrupción moral de la humanidad, un reinicio total. La provocación del aforismo radica en sugerir que, si Dios lo hiciera nuevamente, tampoco produciría cambio alguno: la especie repetiría los mismos vicios, las mismas traiciones, la misma degradación. No es pesimismo ingenuo, sino observación aguda sobre nuestra terquedad existencial.
El alcance de la sentencia
La frase adquiere fuerza porque toca un nervio universal: la resistencia humana al mejoramiento genuino. Conocemos nuestros defectos, vemos sus consecuencias catastróficas, y aun así perpetuamos los patrones destructivos. Chamfort apunta hacia esa brecha inquietante entre conciencia y conducta, entre lo que sabemos y lo que hacemos. Su ironía no busca ofender, sino despertar: si ni una catástrofe total lograría transformarnos, entonces la verdadera tarea no está en esperar milagros externos, sino en examinar por qué nos aferramos tan obstinadamente a nuestros defectos.
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“La sociedad sería una cosa hermosa si se interesaran los unos por los otros.”
“El día peor empleado es aquél en que no se ha reído”
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“Las pasiones hacen vivir al hombre, la sabiduría sólo le hace durar.”
“La mujer es como la sombra: si la huyes, sigue; si la sigues huye.”