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La enfermedad divina como origen
César Vallejo abre su obra más conocida con una imagen perturbadora: su nacimiento coincide con un momento de debilidad cósmica. El poeta peruano no habla de un Dios todopoderoso, sino de una divinidad aquejada, incapaz de garantizar un mundo ordenado o justo. Esta formulación desafía la teología tradicional y sugiere que la existencia humana emerge de un universo fundamentalmente defectuoso, donde incluso lo sagrado puede estar comprometido.
El contexto es crucial. Vallejo escribía en el siglo XX, testigo de guerras, pobreza extrema y sufrimiento masivo. Su cita refleja una ruptura con la fe ingenua y plantea que el dolor no es accidental sino constitutivo. Nacer bajo estas condiciones significa heredar una realidad fracturada, donde la compasión y la solidaridad humana adquieren mayor peso que cualquier salvación trascendente.
Esta idea tiene implicaciones profundas: responsabiliza a la humanidad de transformar el mundo que hereda, sin esperar intervención divina. El sufrimiento pierde su carácter de castigo o misterio incomprensible para convertirse en punto de partida legítimo hacia la comprensión y la acción política.
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