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Significado
Una provocación sobre la inteligencia humana
Casimir Delavigne, poeta francés del siglo XIX, expresaba con esta frase un pesimismo mordaz acerca de la capacidad intelectual colectiva. La frase opera como crítica social: sugiere que la mayoría de las personas carece de criterio, buen juicio o pensamiento independiente. Más allá del insulto superficial, apunta a un fenómeno observable: cómo las masas adoptan creencias sin cuestionarlas, siguen líderes sin discernimiento y perpetúan el error de generación en generación. El escritor no pretendía ser científicamente riguroso, sino provocar reflexión mediante la hipérbole.
Relevancia y complejidad
La sentencia merece lectura cuidadosa porque contiene una trampa. Quien la cita cómodamente puede creerse a sí mismo parte de la minoría ilustrada, cuando en realidad todos estamos sometidos a sesgos y limitaciones cognitivas. Lo interesante radica en preguntarse: ¿qué hace que alguien sea inteligente? ¿Acaso es la ausencia de errores, o la disposición a reconocerlos? La cita funciona como espejo incómodo que desafía la complacencia intelectual, recordando que la sabiduría requiere humildad y que la necedad genuina reside a menudo en la cerrazón, no en la ignorancia.
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“La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás.”
“Nos hacemos siempre una idea exagerada de lo que no conocemos.”
“No hay peor sordo que el que no puede oír; pero hay otro peor, aquél que por una oreja le entra y por otra se le va.”
“La cantidad de rumores inútiles que un hombre puede soportar es inversamente proporcional a su inteligencia.”
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