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Significado
La paradoja moral de la creencia religiosa
Benjamin Franklin plantea una pregunta incómoda sobre la naturaleza humana y el rol de la religión como freno moral. Su argumento parte de una observación histórica: si incluso las personas con fe religiosa cometen actos perversos, ¿qué impediría a los ateos actuar aún peor? La cita sugiere que la religión funciona como barrera contra los instintos más oscuros, aunque sea insuficiente para erradicar la maldad.
Contexto y tensiones
Franklin escribía en el siglo XVIII, en una época donde la religión estructuraba la mayoría de sociedades occidentales. Su pregunta refleja el pensamiento ilustrado, que cuestionaba los dogmas religiosos sin rechazar la utilidad social de la creencia. Implícitamente reconoce que ningún sistema ético, religioso o secular, logra transformar completamente la conducta humana.
Las implicaciones incómodas
La cita abre un debate aún vigente: ¿necesitamos religión o ideologías fuertes para comportarnos eticamente? ¿La moralidad depende de castigos divinos o puede sustentarse en otros principios? Franklin parece sugerir que sin algún mecanismo regulador, la perversidad humana se desataría sin límites, una tesis que desafía tanto a fundamentalistas como a optimistas que confían en la razón pura.
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