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Significado
El escepticismo como virtud médica
Benjamin Franklin tocaba una verdad incómoda sobre la medicina de su época: la mayoría de los tratamientos carecían de fundamento científico. En el siglo XVIII, los médicos prescribían purgas, sangrados y sustancias tóxicas confiando más en la tradición que en la evidencia. El médico verdaderamente sabio, argumentaba Franklin, reconocía que muchas intervenciones eran inútiles e incluso perjudiciales. Este escepticismo no reflejaba ignorancia, sino humildad ante los límites del conocimiento disponible.
Relevancia contemporánea
La frase sigue siendo pertinente. Hoy enfrentamos sobremedicación, antibióticos innecesarios y procedimientos cuestionables impulsados por intereses comerciales. Los mejores profesionales sanitarios practican la moderación: prescriben lo estrictamente necesario, evitan tratamientos sin evidencia sólida y admiten incertidumbre. Este criterio es especialmente valioso en una era donde el exceso de opciones farmacéuticas puede confundir tanto a pacientes como a médicos.
La lección final apunta a la importancia del juicio crítico. No basta memorizar protocolos; el verdadero expertise reside en saber cuándo intervenir y, más importante aún, cuándo abstenerse.
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“Cuida de los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un barco”
“Por un clavo se perdió una herradura, por ésta un caballo, y por éste el jinete, que fue capturado y muerto por el enemigo”
“Invertir en conocimientos produce siempre los mejores intereses”
“Si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”
“Las puertas de la sabiduría nunca están cerradas”