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Significado
La paradoja de la ley y la moral
Disraeli toca un dilema fundamental: la efectividad de las normas depende más de quiénes las cumplen que de las propias normas. Cuando existe integridad colectiva, los códigos legales funcionan como meros recordatorios, casi innecesarios. Pero cuando la corrupción permea la sociedad, los mismos reglamentos se vuelven letra muerta. Un político corrupto encuentra formas de eludir la ley; una ciudadanía íntegra respeta incluso normas imperfectas.
Realidad política del siglo XIX
El estadista británico escribía en una época de reformas electorales y expansión imperial, donde la honestidad pública estaba constantemente en cuestión. Su observación refleja la frustración de quien reconoce que legislar a una población moralmente enferma es construir sobre arena.
Las implicaciones incómodas
La cita desafía la fe ingenua en el cambio legal como solución universal. Sugiere que invertir recursos solo en instituciones y reglamentos, sin cultivar virtud cívica, produce sistemas frágiles. Esto no significa abandonar el derecho, sino reconocer que su éxito requiere una base ética previa que las leyes por sí solas nunca pueden generar.
Frases relacionadas
“La democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular.”
“Los estados poderosos sólo pueden sostenerse por el crimen. Los estados pequeños sólo son virtuosos porque son débiles.”
“El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad”
“No te pongas en el lado malo de un argumento simplemente porque tu oponente se ha puesto en el lado correcto”
Más frases de Benjamin Disraeli
“¡Confiamos demasiado en los sistemas, y muy poco en los hombres!”
“Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”
“Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas”
“La ciencia es para el mundo moderno lo que el arte fue para el antiguo”
“El hombre sensato cree en el destino; el voluble en el azar”