“Cuando los hombres son puros, las leyes son inútiles; cuando son corruptos, las leyes se rompen.”

Benjamin Disraeli
Benjamin Disraeli

estadista británico

1804-1881

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La paradoja de la ley y la moral

Disraeli toca un dilema fundamental: la efectividad de las normas depende más de quiénes las cumplen que de las propias normas. Cuando existe integridad colectiva, los códigos legales funcionan como meros recordatorios, casi innecesarios. Pero cuando la corrupción permea la sociedad, los mismos reglamentos se vuelven letra muerta. Un político corrupto encuentra formas de eludir la ley; una ciudadanía íntegra respeta incluso normas imperfectas.

Realidad política del siglo XIX

El estadista británico escribía en una época de reformas electorales y expansión imperial, donde la honestidad pública estaba constantemente en cuestión. Su observación refleja la frustración de quien reconoce que legislar a una población moralmente enferma es construir sobre arena.

Las implicaciones incómodas

La cita desafía la fe ingenua en el cambio legal como solución universal. Sugiere que invertir recursos solo en instituciones y reglamentos, sin cultivar virtud cívica, produce sistemas frágiles. Esto no significa abandonar el derecho, sino reconocer que su éxito requiere una base ética previa que las leyes por sí solas nunca pueden generar.

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