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Significado
La vejez como resignación
Benjamin Constant, filósofo francés del siglo XIX, plantea aquí una visión desencantada de la ancianidad. Una vez superada la etapa de los deseos apasionados que caracterizan la juventud, el horizonte existencial se estrecha considerablemente. Lo que queda es un cálculo pragmático: cómo transcurrir los años restantes minimizando el sufrimiento físico y emocional. La pregunta retórica subraya la ausencia de proyectos grandiosos, amores arrebatadores o ambiciones que sostengan la vida en sus tramos finales.
Pesimismo ilustrado
Esta reflexión refleja el pensamiento del Romanticismo tardío, donde la razón se enfrenta a la melancolía de una existencia sin ilusiones. Constant no propone el hedonismo desenfrenado, sino algo más sombrío: la aceptación de que la vida senil carece de sentido positivo. La implicación es incómoda para la modernidad, que prefiere narrativas de vitalidad eterna o sabiduría tranquila. El filósofo, en cambio, rechaza estos consuelos y sitúa la vejez en un terreno árido donde apenas cabe aspirar a algo más que morir sin grandes tormentos.
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“Es duro, es doloroso, no ser amado cuando se ama todavía, pero es bastante más duro ser todavía amado cuando ya no se ama.”
“La meditación fortifica a los fuertes y debilita a los débiles.”
“La libertad no es otra cosa que aquello que la sociedad tiene el derecho de hacer y el estado no tiene el derecho de impedir.”
“Lo arbitrario no sólo es funesto cuando se utiliza para el crimen. Empleado contra el crimen, también es peligroso.”
“Somos criaturas tan tornadizas, que acabamos por experimentar los sentimientos que fingimos.”