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Significado
La permanencia como fundamento del cambio
Aristóteles plantea aquí una paradoja fundamental sobre la realidad física. Para que algo nazca o se transforme, debe existir una base estable que persista a través del cambio. Si todo fuera transitorio, sin ningún sustrato permanente, no habría punto de referencia desde el cual algo pudiera devenir en otra cosa. El filósofo griego concebía la generación como un proceso donde la materia —eterna e inmutable en su esencia— recibe nuevas formas. Sin esa materia primordial, sin algo que permanezca, cualquier transformación resultaría incomprensible.
Implicaciones metafísicas
Esta idea emerge del contexto de las críticas aristotélicas a Heráclito, quien afirmaba que todo fluye constantemente. Aristóteles rechazaba esa visión radical del cambio porque la consideraba lógicamente insostenible. Su argumento apunta a algo profundo: el movimiento y la generación requieren un sustrato ontológico que los haga posibles. La paradoja sigue siendo relevante hoy. Cuando estudiamos evolución, transformación digital o cambio social, presuponemos elementos continuos: el código genético, las leyes físicas, las estructuras institucionales. Sin permanencia, el cambio mismo carece de inteligibilidad.
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“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
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“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”