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Significado
El criterio del verdadero fin
Aristóteles distingue entre objetivos y metas genuinas. No toda meta que perseguimos merece considerarse un fin auténtico; solo aquella que representa la excelencia o lo mejor en su orden califica como tal. Un fin verdadero posee un carácter superior que lo diferencia de los propósitos intermedios o secundarios. Esta reflexión surge de su pensamiento ético, donde la eudaimonía (florecimiento o felicidad) emerge como el único fin último, mientras que otras aspiraciones (dinero, placer, honor) funcionan como medios subordinados.
La implicación es radical: nuestras acciones cotidianas requieren discernimiento. Buscar dinero, seguridad o reconocimiento son objetivos legítimos, pero confundir estos con el fin supremo genera una vida desorientada. Aristóteles propone que la verdadera excelencia humana reside en desarrollar virtudes y alcanzar el potencial pleno del individuo. El desafío contemporáneo consiste en identificar qué merece realmente ser llamado fin en nuestros propios proyectos, separando lo urgente de lo fundamental, lo placentero de lo verdaderamente valioso.
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“No hay ninguna cosa buena que no tenga su base en la razón”
“No existe el pecado y no existe la virtud. Solo hay lo que la gente hace.”
“La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso.”
“El hombre superior piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar piensa en la comodidad.”
Más frases de Aristóteles
“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”