“No todo término merece el nombre de fin, sino tan sólo el que es óptimo.”

Aristóteles
Aristóteles

filósofo griego

384 AC-322 AC

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Significado

El criterio del verdadero fin

Aristóteles distingue entre objetivos y metas genuinas. No toda meta que perseguimos merece considerarse un fin auténtico; solo aquella que representa la excelencia o lo mejor en su orden califica como tal. Un fin verdadero posee un carácter superior que lo diferencia de los propósitos intermedios o secundarios. Esta reflexión surge de su pensamiento ético, donde la eudaimonía (florecimiento o felicidad) emerge como el único fin último, mientras que otras aspiraciones (dinero, placer, honor) funcionan como medios subordinados.

La implicación es radical: nuestras acciones cotidianas requieren discernimiento. Buscar dinero, seguridad o reconocimiento son objetivos legítimos, pero confundir estos con el fin supremo genera una vida desorientada. Aristóteles propone que la verdadera excelencia humana reside en desarrollar virtudes y alcanzar el potencial pleno del individuo. El desafío contemporáneo consiste en identificar qué merece realmente ser llamado fin en nuestros propios proyectos, separando lo urgente de lo fundamental, lo placentero de lo verdaderamente valioso.

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