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El humor oscuro de Chejov sobre la mortalidad
El dramaturgo ruso expresaba aquí una verdad incómoda mediante la ironía. Más allá de la provocación superficial, la frase captura la liberación que experimenta alguien cuando desaparece una persona tóxica o problemática de su vida. Chejov, conocido por su agudeza psicológica, reconocía que ciertos individuos generan tanto sufrimiento que su ausencia trae alivio genuino. No hablaba de muerte literal, sino del fin de una relación o influencia perniciosa.
La cita refleja la visión desencantada de Chejov sobre las relaciones humanas. A través de su obra teatral, exploró repetidamente cómo las personas se hieren mutuamente, cómo el tiempo desperdiciado con seres inadecuados marca vidas completas. Su cinismo contiene una observación válida: aceptar que algunos vínculos merecen terminar no indica maldad, sino madurez emocional.
Hoy resulta pertinente recordar esta honestidad incómoda. En una época que enfatiza la tolerancia sin límites, Chejov propone que alejarse de lo tóxico constituye un acto legítimo de autocuidado, no un fracaso moral.
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