Crear imagen
Elige un fondo:
Significado
El humor de Gide sobre los deseos y la edad
André Gide, escritor francés del siglo XX, captura aquí una paradoja de la vejez con ironía característica. Mientras la juventud persigue activamente los placeres (en este caso, el alcohol como metáfora de los deseos en general), la edad avanzada opera mediante una sustracción involuntaria. No renunciamos deliberadamente a lo que queremos, sino que la propia decadencia física se encarga de filtrarlo, dejando atrás aquello que antes nos tentaba. Es una observación sobre cómo el tiempo resuelve nuestros conflictos internos no por virtud o sabiduría, sino por pura erosión biológica.
Lo liberador y lo melancólico
La gracia de la frase radica en su ambigüedad. Puede leerse como una consolación (la edad nos libera de antojos que nos atormentaban) o como una crítica velada (llegamos a la serenidad solo cuando ya no podemos hacer mucho al respecto). Gide sugiere que la paz mental de los mayores quizá dependa menos de su madurez que del desgaste corporal. La vida nos domestica por cansancio más que por aprendizaje, una verdad incómoda que el escritor expresa con la ligereza de quien ha aceptado la fragilidad humana sin drama ni autocompasión.
Frases relacionadas
Más frases de André Gide
“Sabio es aquel que constantemente se maravilla”
“Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado”
“Todas la cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo”
“Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo”
“Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.”