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La edad del corazón
Anatole France plantea una provocación sencilla pero profunda: la edad cronológica miente. Nuestros años vividos importan menos que la vitalidad emocional que portamos. Una persona puede tener ochenta años y conservar la curiosidad de un adolescente, o cumplir treinta y llevar la rigidez de quien ha renunciado a sentir intensamente. Lo que realmente nos envejece o nos rejuvenece es nuestra capacidad de asombro, nuestra apertura al riesgo afectivo, nuestra disposición a amar y a sorprendernos.
El escritor francés toca un tema que resuena especialmente en nuestro tiempo. Vivimos obsesionados con detener el envejecimiento físico, pero descuidamos lo que verdaderamente determina nuestra vitalidad: el mundo emocional. Quien se aprisiona en el miedo, la amargura o la apatía envejece más rápido que cualquier calendario. Por el contrario, mantener viva la pasión, la ternura y la capacidad de conectar con otros nos sostiene en una juventud que trasciende la biología.
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“La tragedia de la vejez no es ser viejo, sino haber sido joven”
“Los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta la juventud de la edad madura.”
“Pensar en viejo me abruma y, sin embargo, pensar en joven, en sano y arrogante joven, me parece tan insípido...”
“A menudo se echa en cara a la juventud el creer que el mundo comienza con ella. Cierto, pero la vejez cree aún más a menudo que el mundo acaba con ella. ¿Qué es peor?”
Más frases de Anatole France
“Aunque cincuenta millones de personas digan la misma tontería, ésta sigue siendo una tontería”
“Es preciso elevarse con las alas del entusiasmo. Si se razona, no se volará jamás”
“Un diccionario es un universo en orden alfabético”
“Prefiero los errores del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría”
“Una cosa sobre todo hace sugestivo el pensamiento humano: es la inquietud”