“Si la culpa del pecado es tan grande que nada puede satisfacerla, y la inmundicia del pecado es tan grande que nada puede borrar la mancha, entonces la sangre de Jesús —qué grande, qué atroz— debe expiar el mal que el pecado ha causado.”
William Throsby Bridges fue un militar australiano reconocido por su liderazgo en las Fuerzas Armadas y por su servicio y compromiso durante tiempos de conflicto.
1861 – 1915
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Significado
Tras la imagen sacrificial
El texto plantea una escala moral extrema: la culpa aparece inconmensurable y la inmundicia tan persistente que los recursos humanos son insuficientes. Frente a esa condición se apela a una intervención externa, la sangre de Jesús, presentada con un lenguaje que subraya su gravedad. La metáfora del sacrificio actúa como diagnóstico y como remedio, sosteniendo que el mal deja una deuda y una mancha que no se borran por esfuerzos éticos o rituales menores; así la expiación se muestra como una obra que trasciende la capacidad humana.
Alcance y tensión ética
Ese planteamiento exige humildad ante la fragilidad moral y plantea una dependencia radical de la gracia redentora, pero también provoca inquietud: la imagen del sacrificio sangriento abre preguntas sobre justicia, violencia simbólica y legitimidad del perdón que viene por sustitución. En clave cristiana funciona como fundamento de perdón y transformación; desde otras perspectivas provoca debate sobre cómo conciliar responsabilidad, reparación y la posibilidad de cambio sin que el ruido del lenguaje sacrificial silencie la exigencia ética de reparar el daño.