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Significado
La deuda existencial con lo divino
La reflexión atribuida a Shakespeare plantea una perspectiva sobre la relación entre la vida y la divinidad. Sugiere que la existencia misma es un préstamo otorgado por Dios, y que nuestro deber es devolverlo mediante cómo vivimos cada día. La idea central radica en que el acto de vivir plenamente, de manera virtuosa o significativa, constituye el pago de esa deuda primordial. No se trata de una obligación financiera, sino moral y espiritual: cada jornada vivida con propósito sería una cuota pagada.
Implicaciones prácticas y contexto
Esto refleja una visión cristiana renacentista donde la vida no es posesión propia, sino responsabilidad. Implica que la procrastinación moral carece de sentido; postergar el vivir correctamente acumularía una deuda impagable. La cita subraya la urgencia de actuar conforme a valores elevados hoy mismo, no como promesa futura. En contexto shakespeariano, esto dialoga con sus temas recurrentes sobre el tiempo, la mortalidad y las consecuencias de nuestras acciones.
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“La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, y después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte.”
“El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios.”
“Pensar es como vivir dos veces”
“¡Como si se pudiera matar el tiempo sin insultar a la eternidad!”
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