“La gran cuestión que debe determinar la verdad esencial de cualquier religión es la práctica: ¿qué puede hacer por el hombre? ¿Provee para su debilidad? ¿satisface sus necesidades? ¿educa y sacia su naturaleza espiritual? Si hace todo esto perfectamente, debe haber sido hecha para el hombre, y debe ser verdadera, a menos que Dios sea un engañador y el alma misma un fraude organizado.”
Clérigo estadounidense cuyo liderazgo y elocuencia durante la Guerra Civil contribuyeron a fortalecer la unión del país y a promover la causa abolicionista.
1824 – 1864
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Significado
La prueba de la utilidad humana
Propone que la validez religiosa se mide por efectos concretos: alivio de la fragilidad, satisfacción de necesidades y cultivo del alma. Esa norma práctica convierte la fe en una herramienta moral y psicológica cuya verdad se verifica por resultados. Si una religión cumple esas funciones con integridad, la argumentación sostiene que su correspondencia con lo divino es casi inevitable, salvo asumir que lo absoluto y la conciencia humana serían un montaje engañoso. La tensión entre eficacia y verdad aparece como criterio central.
Ramificaciones morales y teológicas
Situada en el cristianismo liberal del siglo XIX —con figuras como Thomas Starr King—, la idea prioriza la experiencia comunitaria y el fruto ético sobre dogmas abstractos. Implica una ética de la verificación: las creencias deben producir bienestar y formación espiritual. Al mismo tiempo plantea un desafío: reducir la verdad a utilidad puede dejar fuera dimensiones metafísicas y rituales que también sostienen la vida religiosa. Es, en suma, una invitación a juzgar la religión por su capacidad real de transformar vidas.
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“Busca refugio en este mundo. Puedes hacerlo en espíritu, aunque permanezcas aquí en el cuerpo. Puedes estar aquí y presentarte al Señor al mismo tiempo. Tu alma debe aferrarse a Él, seguirle en tus pensamientos y andar su camino por la fe, no por la apariencia exterior.”
“Mi experiencia es que el cristianismo disipa más misterio del que entraña. Con el cristianismo, el mundo es crepúsculo; sin él, noche. El cristianismo no termina la estatua —esa es obra del cielo—; pero desbasta todas las cosas: la verdad, la mente, el alma.”
“Nunca es igual saber la verdad por uno mismo que tener que escucharla por otro”
“En teoría, no existe diferencia entre teoría y práctica; en la práctica sí la hay”