“Alabad a Dios, de quien proceden todas las bendiciones; alabadle, criaturas de la tierra; alabadle en lo alto, huestes celestiales; alabad al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.”

Thomas Ken
Thomas Ken

Thomas Ken fue un clérigo inglés reconocido por su labor religiosa, su contribución a la liturgia cristiana y su dedicación a la enseñanza espiritual.

1637 – 1711

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Significado

Alabanza que traza un orden cósmico

El texto funciona como una doxología que coloca la gratitud en el centro del universo: las criaturas de la tierra y las huestes celestiales aparecen en posición complementaria, cada una reconociendo a quien origina las bendiciones. Thomas Ken, obispo y himnógrafo anglicano del siglo XVII, formuló estas líneas para cerrar actos litúrgicos; la estructura ascendente hasta la invocación trinitaria subraya una teología donde la realidad entera participa de una misma fuente divina. La economía de la frase resume autoridad, dependencia y comunión en pocas imágenes claras.

Liturgia que moldea la existencia cotidiana

Como fórmula final de oración, esa proclamación no solo clausura un rito: imprime un hábito de mercado moral y existencial. Al proclamar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, la comunidad distingue su identidad y orienta sus acciones hacia gratitud y responsabilidad. Implica también un ecumenismo práctico: la alabanza compartida sirve de puente entre lo humano y lo celestial, entre la liturgia y la vida diaria, ofreciendo un marco donde la humildad y la confianza son respuestas ante la fuente de las bendiciones.

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