“Cuando una mente benevolente contempla la república de Licurgo, su admiración se mezcla con cierto grado de horror.”
Thomas Day fue un autor inglés del siglo XVIII, conocido por sus escritos en literatura y filosofía que exploraron cuestiones sociales y morales.
1748 – 1789
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Significado
Encanto y desasosiego
Al contemplar la república trazada por Licurgo se percibe una doble reacción: admiración por el orden, la disciplina y la primacía del bien común, junto a un rechazo frente a las prácticas severas que sostienen ese orden. Hay belleza en la idea de ciudadanos formados para el sacrificio mutuo, pero también trastorno cuando la virtud cívica se logra mediante la pérdida de libertad individual, la rigidez moral y procedimientos que hoy parecen inhumanos.
Lección sobre fines y medios
Thomas Day escribe desde un siglo de utopías y críticas a la modernidad, y su observación funciona como advertencia: idealizar modelos antiguos sin evaluar sus costes conduce a justificaciones de la coerción. La reflexión sugiere que toda política de formación ciudadana debe ponderar la dignidad personal tanto como la cohesión social. La pregunta que queda abierta es cómo conservar el sentido público sin sacrificar la humanidad que pretende proteger.
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“No conviene hablar del pudor como de una virtud. Se parece más bien a una emoción que a una disposición adquirida. Se define, pues, como un miedo de dar de sí una mala opinión.”
“Gobernar a base de miedo es eficacísimo. Si usted amenaza a la gente con que los va a degollar, luego no los degüella, pero los explota, los engancha a una carro... Ellos pensaran; bueno, al menos no nos ha degollado.”
“El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.”
“Una dictadura es un estado en el que todos temen a uno y uno a todos.”
Más frases de Thomas Day
“Nunca pensé que tenía derecho a sacrificar a otro ser por mi propio bien o placer; pero, pasara lo que pasara, te pondría en circunstancias infinitamente más favorables para la felicidad que antes.”
“Si hay algo verdaderamente ridículo en la naturaleza, es un patriota americano que firma resoluciones de independencia con una mano y con la otra blande un látigo sobre sus atemorizados esclavos.”
“Pero recordemos que es solo en Gran Bretaña, donde las leyes son igualmente favorables a la libertad y a la humanidad, que los derechos sagrados de la naturaleza reciben su más terrible ratificación.”