“El pasado es una fuente de conocimiento, y el futuro es una fuente de esperanza. El amor por el pasado implica fe en el futuro.”
Stephen Ambrose fue un historiador estadounidense, conocido por sus biografías de los presidentes Dwight D. Eisenhower y Richard Nixon. Se doctoró en Historia por la Universidad de Wisconsin, fue profesor emérito en la Universidad de Nueva Orleans y fundó y dirigió el National D-Day Museum.
1936 – 2002
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Significado
Memoria como fundamento
El pasado aporta datos, narrativas y hábitos que configuran identidad y juicio; tratarlo con cariño significa reconocer su valor como experiencia acumulada. Cuando una comunidad o una persona aprecia lo vivido, asume que esas lecciones pueden orientar decisiones futuras, y por eso aparece una confianza práctica en lo que viene. Memoria y confianza se entrelazan: una no funciona sin la otra, porque aprender requiere proyectar lo aprendido hacia adelante.
De la historia a la acción
Aceptar el pasado con afecto implica responsabilidad: seleccionar qué conservar, qué criticar y cómo transmitirlo. Esa actitud deja atrás la mera nostalgia; impulsa intervención deliberada sobre instituciones, educación y tradiciones para sostener o mejorar lo valioso. También contiene un riesgo —idealizar eventos pasados puede bloquear cambios necesarios—, pero tomada con espíritu crítico se convierte en un motor para forjar un futuro con sentido y continuidad.
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“Las victorias en la Guerra de la Independencia, la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial fueron puntos de inflexión en nuestra historia, la condición sine qua non de nuestro avance.”