“El amor no se puede comprar y el afecto no tiene precio.”

San Jerónimo
San Jerónimo

Traductor latino.

340 – 420

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Significado

La exigencia de la gratuidad

La frase distingue la calidad moral del afecto frente al intercambio económico: lo que se compra queda regido por condiciones, lo que se quiere verdaderamente brota sin factura. San Jerónimo, padre de la Iglesia y traductor de la Vulgata, vivió en clave ascética; su perspectiva rechaza cualquier mercantilización del cariño y subraya que el amor auténtico conserva una libertad que el mercado anula. Gratuidad aquí significa presencia desinteresada, regalo que no exige compensación.

Consecuencias para la vida cotidiana

Aceptar esa mirada implica replantear prácticas personales e institucionales que convierten el cuidado en servicio con precio. Cuando el afecto se trata como moneda, emergen manipulaciones, favores condicionados y relaciones frágiles. Valorar la gratuidad no elimina el esfuerzo ni la reciprocidad, pero sí orienta hacia vínculos donde la entrega no tiene factura, y donde la confianza y la responsabilidad moral sostienen la convivencia.

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