“Si dudo, si me alucino, vivo. Si me engaño, existo. ¿Cómo engañarme al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?”

San Agustín
San Agustín

obispo y filósofo

354-439

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Significado

El acto de pensar como prueba de existencia

San Agustín reformula aquí el famoso cogito ergo sum de Descartes, llevando el argumento a un terreno más radical. La intuición central es que cualquier actividad mental, incluso el error o la ilusión, presupone necesariamente la existencia de quien piensa. No importa si tu percepción es falsa o si tu razonamiento falla: el hecho mismo de que algo ocurra en tu conciencia demuestra que hay alguien ahí experimentándolo. Un espejo roto sigue reflejando. Una mente engañada sigue siendo mente.

Implicaciones filosóficas

Este razonamiento cierra una puerta lógica importante: no puedes no existir mientras dudas. La duda, la confusión, incluso la alucinación, son actos que requieren un sujeto. El pensamiento defectuoso sigue siendo pensamiento. Agustín utiliza esto para fundamentar la certeza de la existencia en el acto mismo del pensar, sin necesidad de que ese pensamiento sea verdadero. La existencia precede y trasciende la precisión de nuestras ideas.

Vigencia actual

Hoy esta idea cobra sentido frente al escepticismo radical. En una era de desinformación, nos recordaría que pese a la confusión sobre qué es real, la experiencia de estar confundido sigue siendo real. Eres, aunque no sepas bien qué eres ni qué pasa alrededor.

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