“La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.”

San Agustín
San Agustín

obispo y filósofo

354-439

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Significado

La oración como encuentro mutuo

San Agustín propone aquí una visión profunda de la oración que la sitúa lejos del monólogo. Imagina el acto de rezar como un movimiento de dos direcciones simultáneas: Dios busca al hombre con la misma intensidad con que el hombre lo busca a él. Ambos experimentan una carencia, un deseo que solo el otro puede satisfacer. Esta metáfora de la sed captura algo esencial: la oración emerge del hambre genuina de encuentro, no de obligación formal ni de peticiones mecánicas.

Implicaciones para la fe vivida

La afirmación resuena contra la superficialidad. Si Dios también "tiene sed", entonces la oración adquiere dignidad: no es suplica de un desvalido ante un poderoso distante, sino diálogo entre seres que se necesitan mutuamente. Agustín rescata una idea revolucionaria para su tiempo: la intimidad divina no es un lujo espiritual, sino la condición más radical de la existencia humana. La oración deja de ser transacción para convertirse en comunión, espacio donde la soledad de ambos encuentra respuesta.

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