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Significado
La oración como encuentro mutuo
San Agustín propone aquí una visión profunda de la oración que la sitúa lejos del monólogo. Imagina el acto de rezar como un movimiento de dos direcciones simultáneas: Dios busca al hombre con la misma intensidad con que el hombre lo busca a él. Ambos experimentan una carencia, un deseo que solo el otro puede satisfacer. Esta metáfora de la sed captura algo esencial: la oración emerge del hambre genuina de encuentro, no de obligación formal ni de peticiones mecánicas.
Implicaciones para la fe vivida
La afirmación resuena contra la superficialidad. Si Dios también "tiene sed", entonces la oración adquiere dignidad: no es suplica de un desvalido ante un poderoso distante, sino diálogo entre seres que se necesitan mutuamente. Agustín rescata una idea revolucionaria para su tiempo: la intimidad divina no es un lujo espiritual, sino la condición más radical de la existencia humana. La oración deja de ser transacción para convertirse en comunión, espacio donde la soledad de ambos encuentra respuesta.
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“Al negarnos a aceptar un poder superior inmutable que nos supera, hemos colmado el vacío a golpe de imperativos personales y, súbitamente, nuestra vida se ha vuelto espeluznante.”
“Los ojos no pueden ver bien a Dios, sino a través de lágrimas.”
“El ojo ve bien a Dios solamente a través de las lágrimas.”
“Dios es la evidencia invisible.”
Más frases de San Agustín
“El mundo no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo”
“Creo para comprender, y comprendo para creer mejor”
“Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida”
“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.”
“El que no tiene celos no está enamorado.”