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La paradoja del tiempo en Agustín
San Agustín plantea un problema fundamental: cuando intentamos ubicar dónde existe realmente el tiempo, descubrimos algo incómodo. Lo que ya sucedió pertenece a la memoria, no al presente. Lo que aún no ocurre habita en la anticipación. Solo el instante actual parece real, pero ese instante es tan fugaz que apenas podemos aprehenderlo antes de que se disuelva. El obispo de Hipona señalaba que nuestra experiencia cotidiana del tiempo choca violentamente contra su naturaleza paradójica.
Esta reflexión surge de la pregunta más simple: "¿Qué es el tiempo?" Agustín reconoce que mientras no me lo preguntes, lo sé perfectamente; pero cuando intento explicarlo, el conocimiento se desmorona. La consecuencia es radical: el tiempo real existe solo en la conciencia. Vivimos entre recuerdos (pasado presente en la memoria) y expectativas (futuro presente en la mente). El presente puro, objetivo, es una ilusión matemática.
La implicación más profunda toca nuestra experiencia vivida. Comprendemos que nuestro único lugar de acción verdadera es aquí y ahora, aunque ese ahora sea escurridizo. Esto desafía cómo planificamos, cómo nos arrepentimos, cómo esperamos.
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“El mundo no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo”
“Creo para comprender, y comprendo para creer mejor”
“Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida”
“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.”
“El que no tiene celos no está enamorado.”