“Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado.”

San Agustín
San Agustín

obispo y filósofo

354-439

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Significado

La tristeza como puerta al mal

San Agustín identifica la melancolía como una condición peligrosa que debilita nuestra resistencia moral. Cuando la tristeza nos invade, bajamos la guardia espiritual y nos volvemos vulnerables a decisiones destructivas. El obispo de Hipona observa que el desánimo nos inclina hacia el pecado más que cualquier tentación directa, porque nos deja sin fuerzas para resistir. Una persona sumida en la desesperanza busca consuelos inmediatos, aunque sean perjudiciales.

La reflexión de Agustín contrasta con visiones religiosas que glorifican el sufrimiento. Para él, la tristeza prolongada no es virtuosa sino contraproducente: socava nuestra capacidad de actuar bien. Esto tiene implicaciones prácticas concretas. El equilibrio emocional no es capricho, sino requisito para mantener la integridad. Cuidar la propia alegría y esperanza forma parte de la vigilancia espiritual.

Esta idea resuena en contextos seculares modernos. La depresión y la desesperanza efectivamente preceden muchas conductas autodestructivas. Agustín sugiere que preservar la vitalidad emocional es un acto de responsabilidad moral, no un lujo egoísta.

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