“Cuando la mente no está disipada en cosas ajenas, ni difundida por el mundo a través de los sentidos, se retira en sí misma y, por su propia inclinación, asciende a la contemplación de Dios.”
Obispo y teólogo cristiano conocido como Basilio el Grande; fue una figura clave en el desarrollo de la teología trinitaria, la vida monástica oriental y la organización caritativa de la Iglesia.
330 – 379
Crea una imagen con esta frase
Elige un fondo:
Significado
Silencio interior
Basilio dibuja un movimiento psicológico y espiritual: cuando la mente deja de fragmentarse entre estímulos externos y ocupaciones ajenas, se vuelve hacia su centro y abre la posibilidad de encuentro con lo divino. La idea subraya que la contemplación surge desde la concentración y la sobriedad interior; no es un efecto de impresiones sensoriales sino el fruto de una atención ordenada. Ese retorno implica limpieza de motivaciones dispersas y un reposo donde la inteligencia puede mirar más allá de lo inmediato.
Raíces y consecuencias
La frase nace en la tradición ascética y teológica del siglo IV, orientada a prácticas que cultivan la quietud mental: oración, silencio y disciplina. En la práctica, sugiere que la vida espiritual depende tanto de la gestión de la atención como de creencias doctrinales. Aplicada fuera del ámbito religiosos, plantea una ética de la atención: dispersarse empobrece la capacidad de trascender, mientras que la contención deliberada abre espacio para la profundidad y la libertad interior.
Frases relacionadas
“La reflexión es el ojo del alma”
“Quien no puede guardar sus pensamientos dentro de sí, será incapaz de hacer grandes cosas.”
“La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.”
“Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.”
Más frases de Saint Basil
“Debemos procurar mantener la mente en tranquilidad. Porque así como el ojo que cambia constantemente su mirada, volviéndose ahora a la derecha o a la izquierda, ahora mirando incesantemente arriba y abajo, no puede ver con claridad lo que tiene delante, sino que la vista debe fijarse firmemente en el objeto para que la visión sea nítida; del mismo modo la mente del hombre, distraída por sus innumerables cuidados mundanos, no puede centrarse claramente en la verdad.”
“¿Dónde está Cristo, el Rey? En el cielo, ciertamente. Allí debes dirigir tu curso, soldado de Cristo. Olvida todos los deleites terrenales. Un soldado no construye casa; no aspira a poseer tierras; no se ocupa de negocios enrevesados ni del comercio de monedas. El soldado recibe sustento del rey; no necesita procurárselo ni afligirse por ello.”
“¿Qué, pues, haremos? podría preguntar alguien. ¿Qué otra cosa, en verdad, sino dedicarnos al cuidado de nuestras almas, manteniendo todo nuestro tiempo libre de otras ocupaciones?”