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Significado
La moral de lo público
Oscar Wilde propone aquí un criterio ético peculiar: la vergüenza como brújula moral. La idea es simple pero radical. Un acto verdaderamente malo es aquel que no soportaría ser contado después en una conversación amigable, alrededor de la mesa. Si algo te obliga a mentir sobre lo que hiciste, si no puedes mirarte a los ojos al narrarlo, entonces probablemente cruzaste una línea. La sobremesa representa ese espacio de intimidad honesta donde los pretextos se desmoronan.
Más allá del legalismo
Wilde desconfiaba de las moralidades complicadas que requieren justificaciones académicas. Una acción correcta debería ser comunicable, defendible incluso en la conversación cotidiana. Esto cuestiona profundamente el cinismo moderno: aquello que se oculta no por pudor, sino por culpa, revela su propia corrupción. El criterio no apela a códigos religiosos ni legales, sino a algo más inmediato: la dignidad de quien actúa.
Aplicación contemporánea
Hoy esta máxima cobra fuerza paradójica. En tiempos de redes sociales donde todo tiende a exponerse, cobra sentido preguntarse qué guardamos secreto por miedo a ser juzgados. Lo vergonzoso persiste porque existe. Wilde no nos libera de culpas, sino que las hace transparentes: son el síntoma de que algo está mal.
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“¡Oh, palabras, cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre!”
“El triunfo de un ideal moral se logra por los mismos medios inmorales que cualquier triunfo: la violencia, la mentira, la difamación y la injusticia.”
“Las honestas palabras nos dan un claro indicio de la honestidad del que las pronuncia o las escribe.”
“Una ley injusta es en sí misma una especie de violencia. Pero el arresto por su incumplimiento lo es aún más.”
Más frases de Oscar Wilde
“Yo soy un hombre de gustos sencillos: siempre me conformo con lo mejor”
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