“Matar es una estupidez. Nunca debe hacerse nada de lo que no se pueda hablar en la sobremesa.”

Oscar Wilde
Oscar Wilde

dramaturgo y novelista irlandés

1854-1900

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La moral de lo público

Oscar Wilde propone aquí un criterio ético peculiar: la vergüenza como brújula moral. La idea es simple pero radical. Un acto verdaderamente malo es aquel que no soportaría ser contado después en una conversación amigable, alrededor de la mesa. Si algo te obliga a mentir sobre lo que hiciste, si no puedes mirarte a los ojos al narrarlo, entonces probablemente cruzaste una línea. La sobremesa representa ese espacio de intimidad honesta donde los pretextos se desmoronan.

Más allá del legalismo

Wilde desconfiaba de las moralidades complicadas que requieren justificaciones académicas. Una acción correcta debería ser comunicable, defendible incluso en la conversación cotidiana. Esto cuestiona profundamente el cinismo moderno: aquello que se oculta no por pudor, sino por culpa, revela su propia corrupción. El criterio no apela a códigos religiosos ni legales, sino a algo más inmediato: la dignidad de quien actúa.

Aplicación contemporánea

Hoy esta máxima cobra fuerza paradójica. En tiempos de redes sociales donde todo tiende a exponerse, cobra sentido preguntarse qué guardamos secreto por miedo a ser juzgados. Lo vergonzoso persiste porque existe. Wilde no nos libera de culpas, sino que las hace transparentes: son el síntoma de que algo está mal.

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