“Los niños comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan.”

Oscar Wilde
Oscar Wilde

dramaturgo y novelista irlandés

1854-1900

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La madurez como distanciamiento

Wilde captura una verdad incómoda sobre el crecimiento: la inocencia infantil que idealiza a los padres inevitablemente cede ante la lucidez adulta. Los niños aman sin cuestionamiento, proyectando perfección en quienes los cuidan. Pero conforme desarrollamos pensamiento crítico y experiencia propia, vemos a nuestros progenitores como seres limitados, errantes, a menudo dañados ellos mismos. Esta transición de la adoración ciega al análisis despiadado es dolorosa tanto para hijos como para padres.

El verdadero peso de la reflexión wildiana reside en ese "algunas veces, hasta los perdonan". No todos logran esa etapa final. Algunos quedan atrapados en la decepción; otros permanecen en la negación. Solo quienes avanzan hacia la compasión alcanzan el perdón, entendiendo que sus padres hicieron lo que pudieron con las herramientas que poseían. Wilde sugiere que la madurez completa no es juzgar, sino comprender las limitaciones ajenas sin necesidad de seguir amando ciegamente.

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