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Significado
La ceguera del afecto
Wilde toca aquí una paradoja incómoda: quienes amamos tienden a ser exactamente las personas a las que tratamos con menos justicia. Cuando alguien nos importa profundamente, la objetividad se disuelve. Proyectamos virtudes inexistentes, excusamos comportamientos reprobables o, al contrario, magnificamos faltas menores. El amor nubla nuestro juicio porque nos hace vulnerables. Preferimos una versión idealizada de la persona amada antes que enfrentar sus limitaciones reales.
Las consecuencias prácticas
Esta injusticia no siempre es malintencionada. Puede manifestarse como sobreprotección, exigencias desproporcionadas o simplemente la incapacidad de criticar con claridad. Las personas que queremos merecen honestidad, no adoración ciega ni complacencia. Aceptar esta dificultad como inherente a nosotros es el primer paso para mitigarla: reconocer que amar y juzgar equitativamente requieren esfuerzo consciente, una vigilancia constante contra nuestros propios sesgos.
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“El escultor piensa en mármol”