“Es cierto que el nombre del producto no era gran cosa. ¿Kindle? Era a la vez lindo y siniestro, peor que Edsel, o sonda, o Bob de Microsoft. Pero se perdona un mal nombre. Incluso uno puede llegar a hacerse aficionado a un mal nombre si el producto en sí es una delicia.”

Nicholson Baker
Nicholson Baker

Novelista estadounidense reconocido por su estilo innovador y por explorar con minuciosidad lo cotidiano en sus relatos.

1957

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Significado

Sobre el nombre y la primera impresión

Un nombre torpe provoca risa, sospecha o rechazo inmediato; la palabra puede parecer a la vez simpática y siniestra, incluso incapaz de sostener la ambición del objeto al que nombra. Esa fricción entre etiqueta y cosa revela que el juicio verbal suele ser más rápido que el juicio práctico. Sin embargo, la experiencia tiene la última palabra: cuando la experiencia convence, la etiqueta se vuelve tolerable y hasta entra en cariño cotidiano.

Implicaciones culturales y afectivas

La observación apunta a cómo se construye la reputación: por un lado existe el marketing y la primeras impresiones, por otro la interacción sostenida que domestica términos extraños. Los nombres funcionan como promesas; si el producto cumple, la comunidad resignifica la palabra y transforma burla en familiaridad. Es un recordatorio de que la lengua se adapta a la vida útil de los objetos, y que el afecto práctico puede rehacer un tropo verbal.

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