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Significado
Participación política y legitimidad
Wollstonecraft exige que las mujeres obtengan representación política real en lugar de aceptar un gobierno que las trata como sujetos pasivos. Plantea que la autoridad carece de legitimidad cuando una parte de la población queda excluida de las deliberaciones y de la toma de decisiones que regulan su vida. La afirmación sostiene que el reconocimiento político no es un privilegio simbólico, sino la condición para que la ciudadanía sea auténtica y la ley pueda reclamar consenso moral.Contexto histórico y consecuencias prácticas
La frase surge en el fervor del pensamiento ilustrado y las revoluciones de fines del siglo XVIII, donde las demandas de libertad chocaron con la persistente exclusión de las mujeres. Sus implicaciones van desde la lucha por el voto y la educación hasta la necesidad de transformar instituciones: representación efectiva, no mera presencia, cambia cómo se definen prioridades públicas y redistribuye poder en la esfera privada y pública. Esa exigencia sigue alimentando debates sobre igualdad y diseño democrático.Frases relacionadas
“Del mismo modo que no sería un esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la democracia.”
“Si se hubiera de definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona.”
“La libertad es singular, siempre que exista la libertad plural.”
“Es un hecho extraño que la libertad y la igualdad, las dos ideas básicas de la democracia, sean hasta cierto punto contradictorias.”
Más frases de Mary Wollstonecraft
“Fortalezcamos la mente femenina, abramos sus horizontes y habrá llegado el fin de la obediencia ciega de las mujeres hacia los hombres”
“La independencia la he considerado desde hace mucho tiempo como la gran bendición de la vida, la base de toda virtud; y siempre aseguraré mi independencia restringiendo mis necesidades, aunque tuviese que vivir en un páramo estéril.”
“La virtud solo puede florecer entre iguales.”
“Es hora de hacer una revolución en las costumbres femeninas: es tiempo de devolverles su dignidad perdida. Es hora de separar la moral de las costumbres locales inmutables.”
“¿Qué es esto, sino la rapacidad de aquellos hombres que ejercen su razón, los sacerdotes, asegurada como gran propiedad para la iglesia, cuando un hombre daba sus bienes perecederos para salvarse de los oscuros tormentos del purgatorio?”