“Soy una gran admiradora de la laicidad. En su mejor momento, creo que es una de las mejores cosas que tenemos. No creo que la religión deba insinuarse en la conversación. Tampoco creo que deba excluirse de la conversación. Me gusta el hecho de que los pensamientos más íntimos de las personas sean suyos.”

Marilynne Robinson
Marilynne Robinson

Marilynne Robinson es una novelista y ensayista estadounidense conocida por obras como Housekeeping y la premiada Gilead, que le valió el Pulitzer; ha recibido numerosos galardones literarios y dictó las Dwight H. Terry Lectures en Yale.

1943

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Significado

Laicidad y frontera personal

La autora defiende la laicidad como un marco que protege la libertad interior. Valora una esfera pública donde la fe no imponga sus relatos, pero tampoco quede expulsada del diálogo; se plantea que las convicciones religiosas pertenecen a cada quien y deben conservar su espacio íntimo. Ese equilibrio preserva la autonomía moral: la creencia puede informar la acción, pero no debe usurpar la conversación colectiva ni forzar adhesiones.

Consecuencias para el espacio público

Desde esa posición se extraen dos exigencias concretas: respeto y moderación. Respeto por las creencias ajenas implica tolerancia y reserva; moderación supone reglas claras que impidan la coacción religiosa en políticas, educación o debates públicos. Si se vulnera ese pacto, la deliberación pierde pluralidad y la libertad de conciencia queda en riesgo. Mantener la frontera entre lo público y lo privado protege tanto la convivencia como la autenticidad de las convicciones.

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