“Nacimos para la verdad, y no podemos soportar su cercanía. Las figuras, las parábolas, los emblemas son siempre adornos necesarios para que ella pueda anunciarse; ya sea que se tema que descubra demasiado bruscamente el defecto que se querría ocultar, o que, finalmente, instruya con demasiado poco tacto, o que, al recibirla, se quiera que esté disfrazada.”
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La verdad y sus velos
Caraccioli plantea que la verdad tiene una presencia tan directa que resulta incómoda; por eso busca intermediarios estéticos: metáforas, relatos simbólicos y emblemas. Esos mediadores permiten acercarla sin herir —ocultan faltas, dosifican la enseñanza o la disfrazan para que el receptor la acepte—. La imagen sugiere una relación ambivalente: la verdad es legítima aspiración humana, pero también amenaza la autoimagen y la convivencia si se presenta sin filtro.Contexto e implicaciones
Autor de corte moralista en el siglo XVIII, habla desde una época que valora la claridad intelectual pero teme el choque brutal de certezas morales. La observación alcanza a la literatura, la pedagogía y la política: la comunicación ética requiere tacto y formas mediadoras. Queda la pregunta práctica: ¿cuándo el adorno protege y cuándo impide la reparación o la justicia? Esa tensión sigue marcando cómo transmitimos y recibimos lo que llamamos verdadero.Frases relacionadas
“Las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río. Si están allí es para que podamos llegar al otro margen, el otro margen es lo que importa.”
“Es que la verdad no se puede exagerar. En la verdad no puede haber matices. En la semi-verdad o en la mentira, muchos.”
“¿Y qué es la verdad? Unas veces lo contrario de la mentira; otras veces, lo contrario del silencio.”
“Las buenas mentiras necesitan una levadura de verdad para ser apetecibles.”
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