“No puedo decir que nunca haya sentido la necesidad de explorar el mal, pero cuando se desciende a los infiernos hay que tener mucho cuidado.”
Poeta, crítica y erudita británica, reconocida por sus estudios sobre William Blake, W. B. Yeats y Thomas Taylor y por su interés en diversas corrientes espirituales —especialmente el platonismo y neoplatonismo—; fue miembro fundador de la Temenos Academy y formó parte del Círculo Eranos.
1908 – 2003
Crea una imagen con esta frase
Elige un fondo:
Significado
Curiosidad frente al abismo
La atracción por lo oscuro aparece como una pulsión humana legítima, una necesidad por comprender lo que aterra o corrompe. La advertencia implícita apunta a que esa exploración no es inocua: al acercarse a lo maligno se corre el riesgo de normalizarlo o de incorporar su lógica. La frase coloca la mirada en la tensión entre conocimiento y contagio, y subraya la prudencia como condición para investigar sin perder la propia brújula moral.Precauciones del descenso
Desde el trasfondo de una poeta interesada en mito y misticismo, la observación funciona tanto como consejo ético como regla creativa. Hay consecuencias psicológicas y morales cuando se indaga en actos o ideas destructivas; la curiosidad puede producir comprensión, pero también transformación indeseada. Para quienes escriben, estudian o juzgan, la lección es mantener responsabilidad y límites claros, evitando que el contacto con lo terrible termine por modelar al que lo observa.Frases relacionadas
“Quien daña el saber, homicida es de sí mismo”
“Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”
“No conviene hablar del pudor como de una virtud. Se parece más bien a una emoción que a una disposición adquirida. Se define, pues, como un miedo de dar de sí una mala opinión.”
“El que tiene miedo de la pobreza no es digno de ser rico.”
Más frases de Kathleen Raine
“Obcecada con un gran amor, perfecto, correspondido y eterno, dejé de ver en todas partes la pequeña presencia del amor, mil veces disfrazada.”
“Extraños han cruzado el canal, pero no el sonido de los oscuros remeros ni el de los hijos de reyes de cabellos dorados; extraños cuyo pensamiento no se formó según la cadencia de las olas, el ritmo de la hoz, del remo y del cubo de ordeño.”