“Hay quien me niega el derecho de hablar de Dios, porque no creo. Y yo digo que tengo todo el derecho del mundo. Quiero hablar de Dios porque es un problema que afecta a toda la humanidad.”

José Saramago
José Saramago

Escritor portugués.

1922 – 2010

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Significado

La legitimidad del cuestionamiento

Saramago reclama el derecho a interrogar la religión desde su posición de escéptico. Los creyentes a menudo argumentan que solo quienes tienen fe pueden opinar sobre lo divino, como si la incredulidad descalificara automáticamente cualquier reflexión. El escritor portugués invierte esta lógica: precisamente su distancia crítica le otorga la legitimidad para examinar una cuestión que trasciende las creencias personales.

Un problema universal, no una verdad revelada

La perspectiva de Saramago desplaza a Dios del terreno de la revelación al de la problemática. Esto cambia todo. Si Dios es un asunto que impacta en la moral, la política, la cultura y la convivencia humana, entonces hablar de él no compete solo a los religiosos. Los ateos, agnósticos y dudosos tienen tanto derecho a participar en la conversación como cualquier creyente, porque viven bajo las consecuencias de cómo otros conciben lo sagrado.

Implicación central

Esta postura defiende un espacio de pensamiento laico donde la crítica y el debate sobre religión sean obligaciones cívicas, no privilegios de iniciados. Sin ella, la religión escapa al escrutinio público.

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