“Modestamente, la televisión no es culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos.”

Jaime de Armiñán
Jaime de Armiñán

Escritor español.

1935 – ?

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Significado

La televisión como reflejo de nosotros mismos

Armiñán propone una idea provocadora: la pantalla no crea contenidos malignos, sino que devuelve lo que ya existe en la sociedad. La televisión actúa como superficie reflectante de nuestros deseos, miedos y valores. Culpar al medio sería como reprochar al espejo su propia imagen. Esta perspectiva invierte la responsabilidad: no es la máquina quien nos corrompe, somos nosotros quienes alimentamos los contenidos que consumimos y perpetuamos.

La responsabilidad compartida

El verdadero peso recae en espectadores y productores. Vemos lo que queremos ver porque satisface algo dentro de nuestro sistema de creencias. Un director madrileño, Armiñán escribía esto en un contexto de creciente influencia televisiva y pánico moral sobre sus efectos. Su argumento desafía la pasividad de culpar a una tecnología, obligando a reconocer que los contenidos televisivos existen porque alguien los demanda.

Validez y límites

Aunque provoca reflexión, la metáfora tiene fisuras. Los espejos no seleccionan qué mostrar; la televisión sí. Los canales, los anuncios, la programación representan decisiones económicas y editoriales que moldean lo que circula. Quizá lo más equilibrado es verla como espejo imperfecto: refleja, pero también construye.

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