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Significado
La televisión como reflejo de nosotros mismos
Armiñán propone una idea provocadora: la pantalla no crea contenidos malignos, sino que devuelve lo que ya existe en la sociedad. La televisión actúa como superficie reflectante de nuestros deseos, miedos y valores. Culpar al medio sería como reprochar al espejo su propia imagen. Esta perspectiva invierte la responsabilidad: no es la máquina quien nos corrompe, somos nosotros quienes alimentamos los contenidos que consumimos y perpetuamos.
La responsabilidad compartida
El verdadero peso recae en espectadores y productores. Vemos lo que queremos ver porque satisface algo dentro de nuestro sistema de creencias. Un director madrileño, Armiñán escribía esto en un contexto de creciente influencia televisiva y pánico moral sobre sus efectos. Su argumento desafía la pasividad de culpar a una tecnología, obligando a reconocer que los contenidos televisivos existen porque alguien los demanda.
Validez y límites
Aunque provoca reflexión, la metáfora tiene fisuras. Los espejos no seleccionan qué mostrar; la televisión sí. Los canales, los anuncios, la programación representan decisiones económicas y editoriales que moldean lo que circula. Quizá lo más equilibrado es verla como espejo imperfecto: refleja, pero también construye.