“Un amante, cuando es admitido en la correspondencia, debe guardar un silencio solemne y observar los movimientos de su amante; debe reír cuando ella se ríe y suspirar cuando ella suspira. En resumen, debe ser la sombra de su mente. Una mujer, en presencia de su amante, nunca debe desear un espejo; del mismo modo, un galán, en presencia de su espejo, no desea una amante.”

Henry Fielding
Henry Fielding

Novelista, autor teatral y jurista inglés.

1707 – 1754

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Significado

La mímica amorosa

En la prosa de Fielding la interacción amorosa aparece como una coreografía: el amante debe replicar los gestos y los afectos de su pareja hasta convertirse en sombra de su pensamiento. En su tiempo esto resonaba con las normas cortesanas y la comedia social del siglo XVIII, donde la galantería se practicaba como un arte de imitación y observación. Hay un tono irónico que sugiere tanto elogio de la empatía como crítica a la pérdida de iniciativa individual.

Reflejos y poder

El contraste entre el espejo y la amante plantea la tensión entre autoafirmación y servidumbre afectiva. El espejo remite a la vanidad y al ego que busca confirmación propia; la sombra remite a la renuncia que busca la aprobación ajena. Las implicaciones son morales y políticas: el amor puede fomentar complicidad y simpatía, pero también instituir papeles donde uno se borra y el otro ocupa el lugar del juicio. Fielding, lector de costumbres, hace visible ese doble filo sin ornamentalismos.

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