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Significado
La locura como ilusión multiplicada
Amiel, filósofo suizo del siglo XIX, propone una idea inquietante: la locura no es simplemente el delirio o la pérdida de razón, sino algo más sutil y peligroso. Cuando elevamos una ilusión al cuadrado, la potenciamos, la reforzamos con nuestra propia convicción. Una falsa creencia que se afianza en nuestra mente, que se repite y se valida a través de nuestras acciones, se convierte en una prisión mental casi inquebrantable. El loco no siempre es quien grita en la calle, sino quien construye un edificio lógico sobre cimientos falsos y lo defiende con toda su energía.
Implicaciones en la vida cotidiana
La advertencia de Amiel resulta perturbadora porque nos obliga a cuestionarnos: ¿cuáles de nuestras convicciones más arraigadas podrían ser ilusiones fortalecidas por la repetición? Un prejuicio que alimentamos constantemente, una narrativa personal que refuerza nuestro autoengaño, una ideología que adoptamos sin crítica. Según esta óptica, la cordura requiere humildad intelectual, disposición para examinar nuestras creencias y coraje para admitir que podemos estar equivocados. La verdadera salud mental radica en cuestionar nuestras propias certezas.
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“Mil cosas avanzan. Novecientas noventa y nueve retroceden. Esto es el progreso”
“Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.”
“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.”
“El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.”
“Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.”