“Lo bello es superior a lo sublime, porque es permanente y no sacia, mientras que lo sublime es relativo, pasajero y violento.”

Henry F. Amiel
Henry F. Amiel

Escritor suizo.

1821 – 1881

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Significado

La permanencia frente a la intensidad

Amiel establece una jerarquía entre dos experiencias estéticas que frecuentemente confundimos. La belleza, para él, posee un carácter duradero: podemos contemplar un rostro hermoso, una sinfonía o un paisaje sin que el placer se agote. Lo sublime, en cambio, nos golpea con fuerza arrolladora pero fugaz. Una tormenta desgarradora o un acantilado vertiginoso nos sacuden profundamente, aunque solo por momentos. La intensidad no garantiza la calidad de una experiencia.

Esta distinción refleja el pensamiento estético del siglo diecinueve, cuando se debatía sobre qué valores realmente enriquecen el espíritu. Amiel sugiere que la belleza verdadera se ancla en algo más hondo que la conmoción pasajera. La belleza alimenta; lo sublime agota. Un cuadro que nos atrae durante años supera a uno que nos paraliza durante minutos.

La implicación más provocadora apunta hacia nuestras elecciones cotidianas: buscamos frecuentemente lo espectacular cuando deberíamos perseguir lo hermoso. Las amistades profundas, los trabajos gratificantes y los placeres sutiles quizá merezcan más atención que las experiencias traumáticas o apabullantes que dominan nuestro relato contemporáneo.

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