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Significado
La permanencia frente a la intensidad
Amiel establece una jerarquía entre dos experiencias estéticas que frecuentemente confundimos. La belleza, para él, posee un carácter duradero: podemos contemplar un rostro hermoso, una sinfonía o un paisaje sin que el placer se agote. Lo sublime, en cambio, nos golpea con fuerza arrolladora pero fugaz. Una tormenta desgarradora o un acantilado vertiginoso nos sacuden profundamente, aunque solo por momentos. La intensidad no garantiza la calidad de una experiencia.
Esta distinción refleja el pensamiento estético del siglo diecinueve, cuando se debatía sobre qué valores realmente enriquecen el espíritu. Amiel sugiere que la belleza verdadera se ancla en algo más hondo que la conmoción pasajera. La belleza alimenta; lo sublime agota. Un cuadro que nos atrae durante años supera a uno que nos paraliza durante minutos.
La implicación más provocadora apunta hacia nuestras elecciones cotidianas: buscamos frecuentemente lo espectacular cuando deberíamos perseguir lo hermoso. Las amistades profundas, los trabajos gratificantes y los placeres sutiles quizá merezcan más atención que las experiencias traumáticas o apabullantes que dominan nuestro relato contemporáneo.
Frases relacionadas
“Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”
“La noche es la mitad de la vida. Y la mejor mitad”
“La belleza se define como la manifestación sensible de la idea”
“Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Solamente la gente frívola no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.”
Más frases de Henry F. Amiel
“Mil cosas avanzan. Novecientas noventa y nueve retroceden. Esto es el progreso”
“Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.”
“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.”
“El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.”
“Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.”