“El destino puede seguir dos caminos para causar nuestra ruina: rehusarnos el cumplimiento de nuestros deseos y cumplirlos plenamente.”

Henry F. Amiel
Henry F. Amiel

Escritor suizo.

1821 – 1881

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La paradoja del destino según Amiel

El filósofo suizo plantea una idea incómoda: nuestra ruina puede provenir de dos fuentes opuestas. Por un lado, la frustración de ver nuestros anhelos truncados, la sensación de incompletud que genera el fracaso. Por otro, algo menos evidente: la satisfacción plena de lo que deseábamos. Este segundo camino nos arruina porque los deseos cumplidos pierden su poder motivador; al alcanzar la meta, descubrimos que la realidad no coincide con la fantasía que la alimentaba.

La trampa del deseo radica en su naturaleza dual. Mientras perseguimos algo, nos mantiene vivos, enfocados, con propósito. Una vez obtenido, podemos experimentar decepción, vacío o la angustia de preguntarnos qué hacer ahora. Amiel sugiere que el destino nos atrapa tanto en la carencia como en la abundancia. La implicación práctica es clara: el verdadero riesgo está en apegarse demasiado a cualquier resultado, ya sea negativo o positivo. La resiliencia exige reconocer que tanto la pérdida como la victoria pueden transformarse en trampas psicológicas.

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