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La paradoja del destino según Amiel
El filósofo suizo plantea una idea incómoda: nuestra ruina puede provenir de dos fuentes opuestas. Por un lado, la frustración de ver nuestros anhelos truncados, la sensación de incompletud que genera el fracaso. Por otro, algo menos evidente: la satisfacción plena de lo que deseábamos. Este segundo camino nos arruina porque los deseos cumplidos pierden su poder motivador; al alcanzar la meta, descubrimos que la realidad no coincide con la fantasía que la alimentaba.
La trampa del deseo radica en su naturaleza dual. Mientras perseguimos algo, nos mantiene vivos, enfocados, con propósito. Una vez obtenido, podemos experimentar decepción, vacío o la angustia de preguntarnos qué hacer ahora. Amiel sugiere que el destino nos atrapa tanto en la carencia como en la abundancia. La implicación práctica es clara: el verdadero riesgo está en apegarse demasiado a cualquier resultado, ya sea negativo o positivo. La resiliencia exige reconocer que tanto la pérdida como la victoria pueden transformarse en trampas psicológicas.
Frases relacionadas
“Pensábamos que la felicidad es la mayor de las conquistas, la que hacemos contra el destino que se nos impone. Ni siquiera en la derrota nos abandonaba esa añoranza.”
“Siempre se interpone algo entre nosotros y lo que creemos que es nuestra felicidad.”
“Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.”
“Yo voy a ti como va sorbido al mar ese río.”
Más frases de Henry F. Amiel
“Mil cosas avanzan. Novecientas noventa y nueve retroceden. Esto es el progreso”
“Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.”
“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.”
“El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.”
“Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.”