“No uses esa palabra extranjera 'ideales'. Tenemos que usar la excelente palabra nativa 'mentiras'.”
Henrik Ibsen fue un dramaturgo y poeta noruego, considerado el principal autor teatral de su país y una figura clave en el desarrollo del drama realista moderno y del teatro simbólico. Sus obras, entonces controversiales por poner en tela de juicio la familia y las normas sociales, siguen representándose ampliamente.
1828 – 1906
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Significado
Sobre el lenguaje y la verdad
Ibsen rechaza la elevación retórica que convierte compromisos morales en algo respetable; al preferir la palabra sencilla y dura mentiras frente a la etiqueta extranjera ideales, obliga a ver el engaño que muchas veces se disfraza de grandeza. Esa inversión lingüística revela cómo el vocabulario puede anestesiar la responsabilidad: un término elegante suaviza contradicciones, mientras uno directo las expone y obliga a la rendición de cuentas. La sentencia funciona como un gesto escénico que despoja las promesas de su brillo.
Contexto histórico y consecuencias prácticas
La frase encaja en la crítica decimonónica de la hipocresía burguesa, donde el discurso moral legitimaba intereses privados. Leída hoy, advierte sobre la función política de las palabras: la retórica idealista facilita abusos y desplazamientos de culpa. Llamar a las cosas por su nombre no asegura virtudes automáticas, pero sí propicia debates menos complacientes y reduce el terreno fértil para la manipulación pública y la autojustificación.
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“«No se puede morir a mitad del quinto acto.»”
“La mayoría nunca tiene razón.”
“Nunca lleves tus mejores pantalones cuando salgas a luchar por la paz y la libertad.”
“No se recuerdan tanto mil palabras como un solo hecho.”
“Perderlo todo es ganarlo todo, porque no se posee eternamente más que lo que se ha perdido.”