“Mucha violencia se basa en la ilusión de que la vida es una propiedad que debe defenderse y no compartirse.”
Henri Nouwen fue un sacerdote católico neerlandés y prolífico autor de más de cuarenta libros sobre espiritualidad, apreciados por lectores católicos y protestantes; después de enseñar en instituciones como la Menninger Foundation, Notre Dame, Yale y Harvard, vivió y trabajó con personas con discapacidad intelectual en la comunidad de L'Arche Daybreak en Toronto.
1932 – 1996
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Significado
La ilusión de la propiedad
Sostiene que muchas agresiones brotan de una mentalidad que entiende la vida como algo propio que debe preservarse a toda costa. Esa perspectiva genera miedo, exclusión y competencia: si lo vital se considera una posesión, cualquier amenaza real o imaginaria puede legitimizar la violencia para conservarla. La metáfora de la propiedad reduce relaciones a cálculos de defensa y priva de la experiencia de comunidad y reciprocidad.
Contexto y consecuencias prácticas
Henri Nouwen, sacerdote y pensador religioso, elaboró buena parte de su obra alrededor de la vulnerabilidad, la hospitalidad y la vida compartida. Desde esa clave, la alternativa ética es transformar la seguridad basada en el control por una seguridad fundada en el compartir: políticas públicas que redistribuyan, prácticas cotidianas de escucha y acogida, y una actitud que reconozca la interdependencia humana. Cambiar la percepción de la vida, señala implícitamente, altera cómo respondemos al miedo y reduce los resortes morales que justifican la violencia.
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“La oración no es una decoración piadosa de la vida sino el aliento de la existencia humana.”
“No podemos cambiar el mundo mediante un nuevo plan, proyecto o idea. Ni siquiera podemos cambiar a otras personas con nuestras convicciones, historias, consejos y propuestas, pero podemos ofrecer un espacio donde la gente sea alentada a desarmarse, dejar sus ocupaciones y preocupaciones y escuchar con atención y cuidado las voces que hablan en su centro.”
“Cuando caminamos en la presencia del Señor, todo lo que vemos, oímos, tocamos o gustamos nos recuerda a Él. Esto es lo que significa una vida de oración. No es una vida en la que decimos muchas oraciones, sino una vida en la que nada, absolutamente nada, se hace, dice o comprende independientemente de Aquel que es el origen y el propósito de nuestra existencia.”