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Significado
Una paradoja sobre la acción y la paciencia
Flaubert propone una inversión de lo que esperaríamos intuitivamente. Cuando la desesperación nos paraliza, cuando todo parece perdido, el impulso es actuar frenéticamente. Sin embargo, el autor sugiere que precisamente entonces debemos contenernos y esperar. La paradoja gana sentido si consideramos que la desesperación nubla el juicio, y cualquier acción tomada desde ese estado tiende a empeorar las cosas. La espera forzada permite que las emociones se asienten y que emerja la claridad.
Por el contrario, cuando confiamos en que algo sucederá, cuando mantenemos la esperanza, tendemos a quedarnos inmóviles esperando que el resultado llegue solo. Aquí radica el verdadero error: la esperanza requiere trabajo, movimiento, construcción activa del futuro deseado. Flaubert critica tanto el activismo impulsivo como la pasividad esperanzada, ubicando la sabiduría en el equilibrio opuesto al instintivo.
Esta reflexión tiene raíces profundas en la experiencia humana. Para quien enfrenta fracasos, deudas o crisis personales, la tentación de actuar desesperadamente es real y peligrosa. Reconocer cuándo pausar y cuándo avanzar se convierte en una habilidad fundamental para vivir con mayor coherencia.
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“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”
“Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas”
“La misma esperanza deja de ser felicidad cuando va acompañada de la impaciencia”
“A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.”
Más frases de Gustave Flaubert
“El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente”
“La necesidad es un obstáculo indestructible; todo lo que sobre ella se lanza se estrella”
“Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala.”
“A un alma se le mide por la amplitud de sus deseos, del mismo modo que se juzga de antemano una catedral por la altura de sus torres.”
“Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos.”