“El secreto de un buen sermón es tener un buen principio y un buen final, y después juntarlos lo más posible”

George Burns
George Burns

actor y cómico estadounidense

1896-1996

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La economía del impacto

George Burns, el comediante que supo tanto de timing como de vida, captura aquí una verdad incómoda: la calidad de un discurso descansa en sus extremos. El comienzo engancha, el final permanece. Todo lo que ocurre entre medias compite por relevancia. Burns sugiere que la distancia entre esos dos momentos debe acortarse lo máximo posible, lo cual significa eliminar lo superfluo, lo que no contribuye a conectar el inicio con el cierre.

Esta observación trasciende los sermones. Aplica a presentaciones, conversaciones, incluso historias personales. Un buen principio sin conclusión memorable se disuelve en el olvido. Un final brillante precedido de divagaciones pierde poder. El verdadero arte está en tejer el camino más directo entre ambos puntos, donde cada palabra sostiene el arco.

La implicación práctica es clara: la brevedad es aliada de la efectividad. Burns, quien trabajó en géneros donde cada segundo cuenta, entendía que lo importante no es cuánto se dice, sino qué tan bien se dice. La concisión no empobrece el mensaje; frecuentemente lo fortalece.

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