“No hay dos seres, ni dos situaciones, que sean realmente conmensurables entre sí. Tomar conciencia de este hecho es sufrir una especie de crisis. Pero es con esta crisis en nuestra conciencia moral como punto de partida que se hace posible ese grito hacia el principio creador, y esa exigencia de él sobre nosotros, a la que cada uno debe responder a su manera”
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Significado
La crisis de la singularidad
Reconocer que ningún ser ni circunstancia puede medirse exactamente con otro provoca una desorientación moral: las categorías habituales de comparación y cálculo pierden su fuerza. Esa toma de conciencia no es un dato técnico, sino una conmoción que expone la fragilidad de juicios previsibles y revela la responsabilidad irrepetible frente al otro. La conmensurabilidad falla, y con ella se agrieta la confianza en soluciones universales; queda la experiencia concreta, singular y exigente.
Respuesta creativa y llamado ético
Desde la perspectiva de Gabriel Marcel, ese quiebre abre, paradójicamente, una posibilidad: el sujeto se vuelve disponible a un principio creador que reclama una respuesta personal. En el contexto del existencialismo cristiano de posguerra, la idea articula una fe activa más que una doctrina: cada respuesta es única, comprometida y creativa, y constituye la forma en que la trascendencia se vuelve práctica, ética y humana.
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“Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.”
“Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.”
“Debemos vivir y trabajar, en cada momento, como si tuviésemos la eternidad ante nosotros.”
“Mientras sea creador, por bajo que sea el nivel de su creación, un hombre puede considerarse verdaderamente libre.”
“El hombre depende en gran medida de la idea que se hace de sí mismo.”