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Significado
La trampa del extremismo político
Francisco Cambó, político catalán de principios del siglo XX, identificaba dos caminos igualmente destructivos en la toma de decisiones. Uno lleva a exigir cambios radicales que desafían la realidad: gobiernos que prometen lo inalcanzable, revoluciones basadas en utopías desconectadas del presente. El otro paraliza mediante la negación: posponer indefinidamente aquello que tarde o temprano debe enfrentarse. Ambos terminan en colapso, solo que por vías contrarias.
La fuerza de esta observación radica en su aplicabilidad práctica. Muchas crisis históricas han emergido de estas dos dinámicas entrelazadas. Un régimen que rechaza toda reforma (lo inevitable) mientras sus adversarios demandan transformaciones totales (lo imposible) se convierte en un polvorín. La cita sugiere que la prudencia política no reside en la inmovilidad ni en la radicalidad, sino en distinguir qué cambios son realmente necesarios y actuar sobre ellos a tiempo.
Para contextos actuales, advierte contra dos peligros simultáneos: el extremismo que cultiva esperanzas infundadas y la inercia que evita decisiones urgentes. Cambó apunta a un equilibrio incómodo: reconocer los límites de lo posible mientras se actúa sobre lo inevitable.