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Significado
El valor de los desafíos genuinos
Ferdinand Foch, estratega militar francés de la Primera Guerra Mundial, expresaba aquí una verdad incómoda sobre la naturaleza del progreso. Su observación rechaza la queja fácil: si algo es problemático, por definición exige esfuerzo. Calificar algo de "difícil" no lo invalida; al contrario, confirma su importancia. Un problema trivial sería apenas una molestia administrativa, mientras que los verdaderos desafíos merecen la complejidad que comportan.
La frase cobra sentido en contextos de liderazgo y resolución. Foch enfrentaba cuestiones militares que no tenían respuestas obvias, donde la dificultad era síntoma de relevancia. Aplicada hoy, sugiere que desconfiar de soluciones sencillas a conflictos reales es prudente. Cuando algo importa, la resistencia que ofrece es proporcional a su peso.
Lo provocador de esta perspectiva está en invertir la perspectiva: frente a la tentación de buscar problemas "manejables", Foch propone aceptar que los que merecen atención serán, precisamente, los que más nos cuesten resolver. La dificultad no es un obstáculo accidental, sino una característica inherente de cualquier desafío legítimo.